En torno a la danza y sus géneros, como ocurre con la música y otras expresiones, las etiquetas dan tanto juego como extraños quebraderos de cabeza.

En este caso nos acercamos al Flamenco y la danza contemporánea como géneros situados en los márgenes con respecto a la danza clásica, académica y occidental. Mucho se ha hablado de la ruptura que se produjo en los inicios de la danza contemporánea pero pocas veces se atiende a la importancia que tuvo en este proceso la recopilación de otras danzas populares. Especialmente aquellas búsquedas enmarcadas en una época de gusto orientalizante. Isadora Duncan, Ruth Saint Denis y Valentine de Saint-Point, convertida al Islam con el nombre de Raoyhya Nour-el Dineen,  buscaban con estas danzas escapar del encorsetamiento técnico que exige el ballet, y el Flamenco estuvo ahí para aportar nuevas maneras de articular el movimiento.

Ruth Saint Denis & Ted Shawn

Nos acercamos a los inicios de la danza moderna de principios del siglo XX para analizar de qué manera se relaciona con el baile flamenco. Sin embargo no podemos pasar por alto todo el periplo transitado por la danza española a lo largo del siglo XIX en teatros internacionales y sus éxitos cosechados, documentados a la perfección por el trabajo de la doctora Rocío Plaza Orellana. Tampoco debemos olvidar la figura del bailaor Vicente Escudero como referente del diálogo entre el Flamenco y las llamadas vanguardias artísticas del siglo pasado.
Volviendo entonces a la danza moderna, la intención no es aportar una cronología sino evidenciar ciertos vacíos en los criterios con los que entendemos el encuentro entre estos dos géneros dancísticos.
Es habitual situar el trabajo de bailaores como Israel Galván en algo así como Flamenco contemporáneo y si bien es Flamenco de hoy, al entender el contemporáneo como un género definido estaríamos dando pié a supuestos no del todo cierto. ¿ Es Israel un bailaor formado en los códigos del contemporáneo ? Pues hay que decir que no.
Lo que sí es cierto es que Israel, como Andrés Marín, Rocío Molina, Eva Yerbabuena o Belén Maya son  bailaores que en la última época han conseguido triunfar en las programaciones de danza contemporánea más prestigiosas del mundo.
De todos ellos solo Belén Maya se ha iniciado de manera formal en la danza contemporánea de la que toma algunos de sus pasajes.
Israel, que obtuvo el premio nacional de danza en UK, ha pasado a formar parte de la élite de compañías con más trayectoria del panorama. Al igual que Andrés Marín y Rocío Molina ha sido artista residente de teatros tan importantes como el teatro de la Ville o Chaillot. Queda también para la posteridad, en los recovecos de la memoria, ese momento en que Mijaíl Barýshnikov se arrodilla a los pies de Rocío Molina en su camerino del City Center de Nueva York tras verla bailar.
Hablamos de aristas que han entrado por la puerta grande de las programaciones más importantes por derecho propio y no por asimilación de nuevas formas más integradas en el panorama.

No podían haber llegado tan lejos sin el dominio de la técnica de sus bailes, sin embargo lo que ha impulsado finalmente sus carreras ha sido la calidad artísticas de sus producciones, algo que debemos sin duda a la apuesta que supuso la Bienal de Flamenco de Sevilla, a día de hoy el festival flamenco más importante.
En estos años el Flamenco ha vuelto a trascender su circuito propio con un discurso propio. Un discurso curtido en la escena flamenca más elaborada.

A pesar de la evidencia, tal evolución ha pasado desapercibida para los no aficionados quienes en general han concebido este como un género estancado, hasta la aparición de figuras como Rosalía o el Niño de Elche. Paradójicamente tampoco es valorada por parte de la afición propiamente flamenca cuando entiende como extra-flamenco todo aquello que va acompañado de una producción escénica. Pero el juicio falla también a la inversa, cuando toda incorporación extra-flamenca se percibe como novedosa.
Así que centrémonos en las aportaciones del baile a esta evolución, porque caben destacar ciertos hitos significativos:
La introducción del contratiempo en el zapateado por parte de Antonio Gades abre en los 7o nuevos pasajes que posteriormente se verían desarrollados por el resto de bailaores en cantidad de festivales flamencos.
Antonio Canales poco después nos deja nuevas formas de musicalización liberadas de la estructura clásica de tablao, atrapada en la consecución de cante, subida, remate, entrada de falseta, con zapateado o escobilla, según melodía de la misma.
Destacar también en cuanto a la generación de bailaores antes referida, su vuelta y renovación de los cantes de principio de siglo, más rápidos, más acentuados, al estilo que Enrique Morente retoma a través de Pepe el de la Matrona y Rafael Romero, el Gallina. Esto supuso musicalmente otro gran avance. Añadir a este número de bailaores dos nombres, Isabel Bayón y Beatriz Martín, que formaron parte de esta misma cantera, a las que le debemos también parte de lo que vemos hoy en los escenarios.
Y por último un gran olvidado, Manolo Soler, un bailaor enorme aún más importante al cajón y un maestro inolvidable, de creatividad desbordante al que el mismo Paco de Lucía tenía que poner freno.

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Visto el contexto en que se ha conformado el baile flamenco de las últimas décadas cabría recoger aquello que ha permeado en la escena contemporánea, pero eso está aún por hacer. Podemos decir al menos que a los ojos de bailaores son reconocibles cantidad de movimientos flamencos en muchas de las propuestas actuales. Algo que se percibe por una mayor articulación de los movimientos en extremidades, caderas y pelvis más acentuadas, una mayor contorsión en el tronco o una tensión enérgica singular.
La anécdota con la que cerramos, de la que sí han quedado algunas referencias, nos habla de la inspiración que supuso el Flamenco para la creación de la danza Buthó.
Kazuo Ohno, creador junto a  Tatsumi Hijikata de esta danza post-apocalíptica, contó siempre que comenzaría su carrera tras ver a la bailaora española Antonia Mercé ‘La Argentina’ en Tokio en 1929. Casi 50 años después ambos bailarines crean una obra en su honor, ’Admirando a La Argentina’, con la que tratan de recuperar los movimientos de la artista española.
Mucho queda por indagar al respecto y afortunadamente la reflexión ya está presente en cantidad de simposios, congresos e investigaciones que plantean la evolución de la danza contemporánea más allá de la eclosión atribuida a los ballets rusos de Diaghilev y las aportaciones de Nijinsky. Estaremos atentas.